Como cada lunes, el despertador sonó temprano. El politono de manos a la obra se me metia en la cabeza (esto me recuerda que tengo que cambiarlo…), y como siempre pensaba lo que le decia a mi omaita de pequeño, y no tan pequeño, “cinco minutos más”. Una vez tuve coraje para levantarme, tenía que tomar una ducha. Posiblemente una de las peores duchas de mi vida, y recuerdo la de hace un par de meses en Conil. La calefacción de mi loft va por el suelo, y es automatica, y hay dos chismes, uno en el baño y otro en la cocina, que desde hace un par de días estan echando aire…frio, pero la calefacción del suelo no está encendia; resultado, bastante frio en el ambiente. Al salir de la ducha tiritando, me sequé tan rápido como pude y puse en lo alto la enorme manta del Ikea, y me metí dentro de la cama hasta que se me pasó el frio, me salvo la vida. Moraleja, compra un calefactor.
A las ocho de la mañana estaba tomandome un pain au chocolat en la cafeteria de la la kthó mirando el correo y leyendo el periodico. Toda la mañana leyendo sobre el mecanismo de la codecisión, y preparando mi quinto TD, pero con la mente puesta en el curso de francés. Hoy era mi primer día en el grupo 4 del Instituto de lengua francesa de la kthó, un curso, que aunque gratuito para los erasmus de la facultad de derecho, para el resto de mortales cuesta como 3000 euros. Ese debería de haber sido un gran indicio para saber lo que me esperaba. Se me acabó el chollo; grandes siestas, tardes tediosas, comer en casa, sin horarios… Cuatro horas al día, cuatro días a la semana, 16 horas a la semana en total. Un abuso.

Unas treinta personas en el curso; la mayoría son Novitas y Yoko Onos. Una monja vietnamita, varios chinos, taiwaneses, japonenes, coreanos, gente de México, Venezuela, y un gafagandhi que habla siete idiomas. Es entretenido hablar con gente tan distinta a la que estas acostumbrado, y además, ya voy empezando a diferenciar las caras de los asiaticos, aunque en la vida podré recordar sus nombres.

A media tarde terminó la clase, con un par de moviles más en el bolsillo, fui con Hubertus a terminar el TD, para tener la noche libre y celebrar el día de la Hispanidad (y el día de la Raza para los latinos) en el Cosmos. Una noche larga, llena de banderas y canticos nacionales, que acabó, como casi siempre, con muchas personas desconocidas en un piso con una treintena de erasmus, un cono (cada vez corre más el rumor de que tengo el sindrome de diógenes…) y con un furgon y una docena de gendarmes queriendo desalojarnos, pero como dice la canción “es un gendarme, el que no bote…lolololololololó…”.

Mi bandera conquistando el Cosmos

El famoso cono-sombrero de cantar villancicos

fuente:Erasmus Lyon