Y es que, ahora más que nunca, me vienen recuerdos de aquella llamada de Kike Cabrera cuando todavía era un mico de segundo de bachillerato para ver si quería dar catequesis los lunes a los más pequeños, los de precomunión, esos que ahora mismo ya están en primero de ESO, y comiéndose el colegio, recuerdo mi primer encuentro, las bromas de “ferdi no es el momento”, y mis primeras payasadas en público haciendo de presentador cuando era el más mico de la casa, mi primer MTL durmiendo en colchones en el suelo, o mi campo de trabajo en el Portal gracias a las “sugerencias nocturnas” de un grandísimo amigo; una experiencia que sin duda trastocó mis ideas.
Recuerdo ese fatídico año de primero de carrera donde no pude dar grupos por tener clases obligatorias, el encuentro del Señor de los Anillos, los días de infraestructura junto a Nacho, Monchi y Asunción. Los días de indecentes (por no deciros otra cosa…), el águila real, y Santa Marta. Recuerdo a mis principitos y principitas, Salla, Conectados, Pascuing, y los felanes cantando, cantando y cantando, la pastoral multimedia, los días de la Salle en las Flores, y las cruces de mayo con el monaguillo y su micrófono.
Recuerdo a mis catequistas que tanto me enseñaron, y que ahora algunos, me tratan como a un igual, aunque aventajado. Recuerdo ese primer festival de la canción en Jerez, donde sin saberlo estaba conviviendo con personas que más tarde serian muy importante en mi vida. Todos esos recuerdos, esos momentos clave en el pasado, y que han marcado mi presente y mi futuro son importantes, pero sin lugar a duda lo que más echaré de menos es tener esa “obligación” cada viernes, ese llegar al colegio a las cinco de la tarde y despertar a Miguelangel , preparar una catequesis que puede que les guste, o puede que no, que puede que salga, o puede que no, pero me consta que les llena, ese mensaje de Rosa los jueves para ver que preparamos, esas caras de alegría cuando todos se encuentran en el patio y vienen a contarte su semana. Son las risas de las reuniones de animadores, las charlas, las tonterías y las bromas, con los de sexto de primaria, con los de cuarto de ESO, y con los que ya se han ido, en el patio y cuando nos echan en las puerta del colegio hasta la noche, como cuando eramos nosotros los niños, y nos moríamos de ganas (al menos yo que era un pelotilla) por hablar con los animadores… son esas cosas las que de verdad hacen que los viernes sean diferentes, por que aunque hayan pasado los años, sigo teniendo la misma ilusión por ir los viernes al colegio, que cuando tenia 14 años.
Y es que aunque los que más me quieren me digan que tengo que empezar a dedicarle más tiempo a otras “cosas más importantes”, aunque mis amigos me digan que para qué, que por qué, que si no voy a ir otra vez a tal o cual sitio por “cosas pastorales”, a mi solo me viene a la cabeza esa canción que a todos los que somos lasalianos nos da fuerzas, esa que dice, que en el fondo merece la pena estar loco…
fuente:Erasmus Lyon




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